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Etiquetas: koinonia

Prólogo


El pasado

Diez años atrás yo era una americana que vivía en Londres y trabajaba para la Green Alliance, una organización cuyo propósito era estimular la discusión entre los miembros del parlamento y los partidarios del paradigma ambiental. Por aquél entonces había trabajado como ambientalista durante varios años y había visto poco del progreso que necesitábamos con urgencia. Mi divorcio reciente me había impulsado a la psicoterapia. Estaba tan impresionada por los cambios que habían ocurrido en mí misma como respuesta a la terapia que llegué a creer que los avances futuros en cuestiones ambientales sólo ocurrirían con un modo nuevo de trabajar el cambio político que reflejara el tipo de enfoque que me estaba cambiando a mí. Durante mucho tiempo había podido hacer la pregunta planteada en este volumen, ¿ por qué será que gente inteligente perpetúa culturas que son tan autodestructivas ? Ahora imaginaba que encontraría una cierta clase de respuesta con la comprensión y la práctica psicológica sistemática, sólida. Mi psiquiatra me orientó en dirección al curso de aprendizaje introductorio en grupoanálisis de la Group Analytic Society.

En octubre de 1979 comencé el curso preliminar de 40 semanas de la Society, consistente en clases de una hora una tarde por semana y en pequeños grupos terapéuticos de 90 minutos conducidos por el grupo de terapeutas docentes de la Society. En aquel momento todavía no sabía nada sobre la historia de la terapia de grupo ni de la formación para élla. Asumí lo que ahora comprendo fue una oportunidad extraordinaria para el aprendizaje del grupo grande, del que Patrick de Maré era la fuerza motriz.

Además, seguía siendo tan ignorante sobre mí y los otros, y sobre este nuevo mundo de la terapia y los terapeutas, del análisis y los analistas, de los pequeños grupos y los grupos grandes, que disfruté encontrarme pensando como idealista y sentí que valía la pena argumentar a favor. Por ejemplo, en el grupo grande (alrededor de 120 ese año) hablé del descubrimiento de Darwin de un reino apacible entre las diversas especies en las islas Galápagos. La implicancia era que aprender a hablar en un grupo grande podía conducir a una existencia políticamente más pacífica. Esta imagen fue rechazada inmediatamente en el grupo como tontería idealista, excepto, por supuesto, por Patrick, que cuidó de darle valor a la expresión de la diferencia de ideas. Recuerdo durante ese año, el silencio en el grupo cuando murió Bion. Todos allí excepto yo sabían quién era. No recuerdo si fue discutido el significado de Bion para el grupo grande en el que entonces estábamos.

No llegué a conocer a Pat fuera del grupo grande hasta principios de 1981, cuando participé en un taller de tres días: “Contexto más amplio para los Grupos”. Una gran multitud convocada por Pat abrió cada uno de aquéllos cuatro días. Evocó sentimientos fuertes, emocionados, a menudo alterados. Para mí fue el comienzo para colocar las opiniones sociales y políticas en una perspectiva totalmente distinta. Al final de ese taller Pat me contó sobre el grupo grande semanal en curso. Acudí a ese grupo por dieciocho meses, hasta que regresé a los Estados Unidos.

Comencé a aplicar algo del aprendizaje del grupo grande a mi trabajo ambientalista. Un debate de la serie de Green Alliance, “Ruptura de las cadenas de la centralización”, se realizó con 60 personas presentes aproximadamente, incluyendo los oradores principales y gente prominente del gobierno, Pat de Maré y Eric Miller del Tavistock Institute of Human Relations, sentados en un único círculo grande. Desde luego se generó la frustración prevista, pero el diálogo fue manejado para que tuviera lugar, a pesar de la sensación general de dificultades adicionales.

Otra ocasión fue la conferencia de todo un día sobre la política energética nuclear para Gran Bretaña. Estaban los preparativos jerárquicos formales habituales, por ejemplo oradores en un estrado, enfrentando a la audiencia; lo que fue distinto fue la mezcla de oradores y de participantes. Estuvo representado el espectro completo, desde la cultura convencional/gubernamental a la cultura radical verde en política energética, tanto en los grupos de oradores como de participantes. El presidente, un abogado inteligente y sutil que había visto la necesidad de una nueva forma no-binaria de hablar, dio igual legitimidad a todas las posiciones. El resultado fue escucha auténtica.

Pat y yo continuamos encontrándonos durante los veranos, discutiendo y argumentando sobre aspectos del grupo grande. Entre otras cosas, él siguió aconsejándome iniciar uno; yo seguí diciendo que no estaba preparada. Mi comprensión y destrezas no daban la medida y no me sentía para lo que veía como tiempo prolongado y frustración inevitables al intentar conformar tal grupo. Mientras tanto terminé mi formación en terapia de grupo en Boston y trabajaba como clínica. Me hice estudiante de doctorado en la Universidad de Harvard, centrándome por igual en psicología política, clínica y del desarrollo.

En mayo de 1987 debía facilitar la sesión inicial de tres horas de duración en la Cuarta Conferencia Bienal (NOMOS IV) para banqueros, hombres de negocios, oficiales de gobierno y oficiales militares latinoamericanos, celebrada en Harvard a través del Center of International Affairs. Había informado a los organizadores de NOMOS sobre el enfoque de Pat para el trabajo de grupo mediano/grande, en el que la tarea era hablar el uno al otro tan bien como para entender el proceso a medida que se desarrolla, y como consecuencia Pat fue invitado a conducir un grupo grande en este acontecimiento.

Cita:
El Dr. de Maré actuaba como convocante en una discusión de grupo grande que involucraba a la totalidad de los 65 participantes de NOMOS IV [sentados en un solo círculo grande]. La discusión, si bien parecía carecer de objetivos, cumplía un propósito importante para los participantes. Le permitía a las personas, en palabras del Dr. de Maré, “expresar sus opiniones en una situación social” y explorar la dinámica de un grupo grande.
La mayoría de los participantes de NOMOS pasan la mayor parte de su tiempo afrontando problemas inmediatos en grupos pequeños, jerárquicos, claramente orientados. Esta discusión… les permitió asociar libremente en un ambiente no estructurado e igualitario que se aproximaba al ideal griego de Koinonia, compañerismo. La discusión impulsó a los participantes a pensar en términos abstractos, a escuchar y a hablar el uno con el otro y a reconocerse entre ellos como personas. Su meta era superar las limitaciones de la conversación cotidiana, con toda la inhibición, el conformismo y la represión que implica, para ir más allá de una serie de monólogos al establecimiento de un diálogo general. [Kybal, 1987, pp. 115-116]

La cronista de NOMOS1 recuerda que de Maré mencionó la antigua práctica griega de reunir hasta cinco mil personas para hablar unos a otros en anfiteatros. Ella continuó describiendo la conversación en NOMOS:

Cita:
El debate posterior – enmarañado y caótico como pudo parecernos – trajo en definitiva una confrontación de dos estados de ánimo opuestos. Un cierto número de participantes expresó frustración y descontento porque la discusión careció de objetivo manifiesto, de procedimiento, de dirección o de un líder. Sentían que solamente las discusiones orientadas a objetivos y estructuradas podían ser útiles y que por lo tanto la discusión actual no podía ser muy fructífera. Otros participantes creían que conseguir que la gente se expresara tenía valor en sí mismo y que no era necesaria otra meta que mantener una discusión en el grupo grande. Un tercer conjunto de participantes permanecía pasivo.
El Dr. de Maré… no hizo ninguna tentativa de resolver este choque de puntos de vista. …. Cuando la conversación se volvió encendida y la división entre los dos campos se amplió, el Dr. de Maré se preguntó en voz alta si alguna persona había aprendido algo. “Usted no puede predecir qué sucede en un grupo más grande”, respondió un participante. “Es muy difícil de dominar. Y ésa es para mí la riqueza. La principal ventaja aquí es que se expone a reacciones imprevisibles. Puede salirse al final con ideas que son imprevisibles.” Otros discreparon: “No lo veo. No estoy de acuerdo con que debemos funcionar en grupos sin un líder. Un diálogo generalizado no es útil. Solamente lograremos que las cosas se hagan en pequeños grupos con metas y propósitos específicos.”
Un participante intentó tender un puente entre estas visiones aparentemente irreconciliables. Precisó que para los poderosos decisores de NOMOS era muy difícil asociar libremente sin una meta evidente. Sugirió que se inyectara en la discusión una pequeña cuestión – incluso uno de menor importancia o trivial – para facilitarle a las personas la difícil tarea de confrontar ideas abstractas y de apreciar mutuamente sus opiniones. Si no, concluyó, la discusión parecería sin propósito. Finalmente, alguien sugirió que el diálogo tuviera un objetivo definido: “comunicar”.
“No tiene propósito”, dijo el Dr. de Maré cuando la sesión se acercó a un cierre. En ello está su mensaje. Solamente en una discusión aparentemente sin propósitos puede reconocerse un significado superior: comprender la dinámica de grupo grande y aprender a intercomunicarse más libremente. Tal comprensión es crucial para los decisores en cualquier organización en la que trabajen; es el tipo de comprensión que vinieron a adquirir a Bretton Woods los participantes de NOMOS.

Pat de Maré fue honrado algunos días más adelante en una cena ofrecida por la Northeastern Society for Group Psychotherapy y una fundación de terapia del grupo pequeño dirigida por Michael Lawler, miembro superior de esa sociedad muy interesado en el trabajo de Pat.

El futuro

Cita:
Así como el psicoanálisis explora al individuo y los pequeños grupos examinan a la familia, sólo la configuración de grupo más grande puede explorar en forma viable los contextos sociales y culturales en los que todos vivimos habitualmente como espectadores desvalidos [Pat de Maré].

Pat ha observado que primero tuvo que ser reconocida la legitimidad del trabajo continuo uno-a-uno, luego la del trabajo de grupo pequeño y ahora, conjetura, debe seguir la del trabajo continuo de grupo mediano y grande. La necesidad de un trabajo de grupo más grande debe ser ahora tan evidente como lo fue para Freud escribir, un tanto nostálgico, como lo he leído en La civilización y sus descontentos (1930) que, “Un día alguien se atreverá a emprender una patología de las comunidades culturales”.2 Pat de Maré escribe:

Cita:
La cultura del grupo es el equivalente grupal de la psique individual. En la medida en que esta cultura puede ser inadecuada [para las tareas culturales] e incluso patológicamente destructiva, es que puede considerarse como equivalente a la perturbación neurótica en el individuo.

Si hay resistencia, y siempre la hay, algo de élla parece provenir de nuestra propia comunidad:

Cita:
Como ejemplo de defecto cultural, es notable cómo las áreas cubiertas por la psiquiatría, por el psicoanálisis, por la psicoterapia y la terapia de grupo evitan una crítica de los contextos culturales en los cuales se practican. Las tentativas de explorar estos contextos se consideran como “idealistas”.

Pero la práctica parece evolucionar. Mencionaré apenas tres situaciones actuales distintas en las que el trabajo de grupo mediano/grande podría pensarse como el siguiente paso lógico.

Primero, psicoanalistas del área de Boston tales como John Mack y Daniel Jacobs y otros clínicos informaron por algunos años haber escuchado de sus pacientes individuales sobre amenazas a la seguridad global, ambientales y nucleares. Un grupo de mujeres psicólogas que se está reuniendo para discutir posibles interpretaciones a los temas de sus pacientes como disfunciones reflejas del grupo grande cuando se enfrentan con amenazas a la supervivencia global, se interesan en que los mismos pacientes no vinculan sus cuestiones con las globales sino que las consideran más bien en términos de dinámica intrapsíquica y familiar.

Estos clínicos no consideran la preocupación por estas cuestiones exclusivamente como evitación inadecuada de temas personales por ser presuntamente más dolorosos, como es a menudo el caso con los terapeutas tradicionales. Sin embargo, aunque ellos sí creen que la discusión de amenazas globales es un problema para el trabajo clínico, no dan el paso lógico que Pat ha dado postulando un grupo grande para abordar estas cuestiones.

La segunda situación es aquélla en la que psicólogos políticos están trabajando a nivel de temas de grupo grande. El psicólogo social Herbert Kelman de Harvard realiza talleres de resolución de problemas sobre el conflicto palestino-israelí, comenzando con el mismo modelo de terapia de grupo pequeño del Institute for Group Analysis. Ha ampliado el modelo para que sea al mismo tiempo un grupo pequeño y mediano. Es decir, las primera y segunda parcialidades (los israelíes y los palestinos) suman ocho, mientras que el tercer partido en su mayoría silencioso pueden sumar más de veinte. Kelman ha visto hace mucho la necesidad de reuniones de grupo continuas para permitir que el aprendizaje sea integrado más fácilmente en las situaciones de trabajo, aunque no ha tenido la financiación para hacerlo.

El psicoanalista Vamik Volkan ha estado desarrollando la idea de la necesidad de mutuo luto entre los grupos que se han maltratado históricamente durante décadas o siglos, como los chipriotas griegos y los chipriotas turcos o los irlandeses católicos y protestantes. Su idea acerca de la necesidad de estar de luto para cicatrizar las heridas infligidas socialmente también se aplicó en Jerusalén en una conferencia a la que asistieron niños de ex nazis y sobrevivientes del holocausto. Un paso lógico aquí sería realizar reuniones de grupo grande continuas en lugares donde los conflictos todavía están vivos.

El tercero es el ejemplo de un grupo de personal de un centro de rehabilitación para pacientes dados de alta del hospital psiquiátrico público, pero que todavía no pueden vivir en ambientes ordinarios no institucionalizados como pacientes externos. La tarea de este grupo es permitir que sus integrantes hablen de su estresante trabajo. Éste es el séptimo año consecutivo de reuniones semanales del grupo y yo he sido su facilitadora durante los últimos dieciocho meses.

Los nueve miembros del grupo discuten sus relaciones entre sí, con los directores y con los residentes, sus diversos roles, las tareas conflictivas y las tensiones y recompensas de este trabajo exigente, mal pagado y subestimado. Muy de vez en cuando han hablado de temas ajenos a este pequeño mundo de los residentes y el personal. En esas raras ocasiones la conversación ha sido sobre la administración de todos los centros de rehabilitación del sistema y del hospital del que este subsistema es parte. Esta conversación ocurre solamente en la perspectiva específica de su lugar en la jerarquía.

Recientemente, los directores de otro centro de rehabilitación del sistema decidieron tener reuniones del grupo de personal similares a las de mi grupo. En su planificación, Michael Lawler propuso que él mismo conduciría una reunión bimensual conjunta de ambos grupos de personal, en lo que ambos grupos estuvieron de acuerdo.
Sin embargo, antes de que se alcanzara este acuerdo, en mi grupo de personal se debatió largamente. Los reparos más notables fueron el tiempo que este nuevo grupo grande requeriría, la dificultad para captar en qué podría ser útil y el malestar emocional de tener que hacer frente a gente nueva y distinta en un ámbito más grande. Para algunos fue casi imposible imaginar que el malestar por tal grupo y la experiencia de crecimiento pudieran relacionarse, aunque todos ya habían experimentado esa conexión en el grupo de personal pequeño. Con el correr de las semanas surgió una buena disposición para intentar esta tarea nueva y difícil, a condición de que no se redujera el tiempo del grupo actual.

Éste es el registro de una reunión de mi grupo de personal cuando la perspectiva de participar en el grupo más grande seguía siendo una preocupación.

Cita:
El grupo comenzó con una integrante manifestando que ella hablaría primero, reconociendo que nunca lo hace y preguntándose si el grupo se preguntaría que significaba que ella lo hiciera. Luego reiteró un aviso que había hecho en una reunión de equipo la noche anterior, acerca de que tomaría una licencia de cinco semanas para ir a un país del Lejano Oriente al que había estado soñando en retornar desde su período de servicio de dos años ahí, en el Peace Corps. Cuando recibió un ofrecimiento para una visita de cuatro meses, descubrió que su compromiso con el trabajo en el Centro de rehabilitación, con las oportunidades para aprender sobre sí misma, importaban tanto como para que ella rechazara la oferta cuatrimestral y fuera solamente por el período más breve.
Entonces el grupo abordó la cuestión de expandir los límites en forma legítima versus tener límites desdibujados, débiles (una distinción hecha la semana anterior en el grupo); M. sentía que su licencia, pensada de principio a fin, significaba una expansión orientada a la tarea y que su expansión retornaría al Centro para expandir, también, las perspectivas de los residentes.
Hubo acuerdo y charla con otro miembro, T., sobre sus compromisos externos, demandantes de tiempo y significativos para ella, y su relación y compatibilidad con este trabajo.
El grupo entonces discutió diferencias en las culturas (utilizaron esa palabra) y de las diferentes maneras de aprender sobre ellas. Mencionaron la diferenciación en las culturas de distintos Centros de rehabilitación, de países y la vieja cultura de su Centro, representada por su director y dos de los residentes que estaban ahí desde sus inicios versus la nueva cultura que se produce cada vez que hay nuevo personal.
Plantearon la cuestión del valor que tiene seguir, sin pensarlo, modos establecidos de hacer las cosas y cuándo era y no era apropiado preguntar, cuándo crear, cuándo hacer un ensayo por sí solos y qué a hacer si surgía un conflicto. Luego hablaron de lo que significaría si discreparan con la forma de trabajo de otro Centro. - Quizás hay correctos e incorrectos nítidos en la forma de tratar a los pacientes.
En este punto pregunté si el grupo estaba esperando con ansiedad el encuentro en el grupo mediano con la cultura del otro grupo y que podían objetar aspectos de ella. Dos miembros quieren saber si estoy introduciendo mis rollos sobre el grupo grande. Pregunto qué piensan los otros. Uno asocia con la Guerra Fría, y, en respuesta, otro que desde el principio ha sido el menos entusiasta sobre el grupo mediano, dice, “Ugh”. Otro (el miembro de color del personal) habla de las diferencias que surgirán, preguntando al parecer inconscientemente, “¿Son [estas cuestiones] blanco y negro, o no? ¿Hay buenos y malos?”
Otro informa que, con ayuda de uno de los directores, ha sabido de algo que anda mal en otro Centro y que se está discutiendo en el nivel de administración pero no todavía aquí en el grupo. Su preocupación es su responsabilidad en relación a los errores del personal de otro grupo.

Surgieron numerosos temas fecundos, tales como la conexión entre el tipo de entrega y el aprendizaje adquirido en el trabajo en el Centro de rehabilitación y en el Peace Corps en el Lejano Oriente; del significado ampliado de los límites; de las dificultades para discutir las diferencias culturales; y de la inmediatez con que esa tarea trae pensamientos de clima de Guerra Fría.

Para mí son pensamientos de clima de guerra caliente y de un planeta caliente que hacen necesario el trabajo de grupo grande. En mi experiencia la terapia uno-a-uno y la terapia de grupo se emprenden originalmente desde una sensación de necesidad; pocos se embarcan y perseveran con esa terapia sólo por interés en ella. De igual modo, hay una necesidad urgente para comprender los ritmos de las culturas del pasado y del presente, y, alternativamente, su relación con los ritmos del planeta.

Pamela Pomerance Steiner
Departamento de Psiquiatría
Harvard Medical School
Cambridge, Massachusetts


1. Kybal, Elba Gomez del Rey de (1987). Some Strategies for Effective Decision-Making. A Report on the Proceedings of the Fourth Nomos Seminar, Bretton Woods, New Hampshire, 26-30 May 1987. Cambridge, MA: Center for International Affairs, Harvard University.
2. Nota de Traducción (NT): "A pesar de todos estos obstáculos, es lícito esperar que un día alguien emprenda la aventura de semejante patología de las comunidades culturales", El malestar en la cultura, (1930 [1929]) en Obras Completas de Sigmund Freud, Standard Edition, ordenamiento de James Strachey / Volumen 21 (1927-31), pág. 43.

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Rogelio5188 puntos , 12:04 ART, Mar 15 de Nov, 2011: Ehhh a los de Barcelona que están visitando ahora mismo el sitio... saludos !!!!
admin, 02:40 ART, Lun 06 de Jun, 2011: Bienvenido gonatesj al Camino Americano !
admin, 15:47 ART, Mié 17 de Feb, 2010: Hola Alberto Digiácomo, bienvenido al Camino Americano !!!

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